SEGÚN RECUERDO
Y pensar que todo lo
que algún día me contaron,
soñé e “imaginé”… era
real…
Según recuerdo, no
siempre fue así, al menos… eso creo…
Podía sentir el aire un
poco denso golpeando mis mejillas y alborotando mi cabello, aunque eso poco importaba,
sin embargo seguía avanzando a gran velocidad por aquel desconocido desierto de
arena amarillenta, tal vez debido al reflejo de la luz que mostraba esa
coloración; de repente note a lo lejos una pequeña mancha en el paisaje, la
cual iba creciendo conforme me aproximaba y tomaba forma, la cual distinguí
como una especie de estadio deportivo, o mas bien comparado a un coliseo romano
auténticamente en buen estado; por
precaución desaceleré un poco la velocidad de mi cuerpo a la cual volaba, para
elevarme un poco más, y así mantenerme prudentemente ajeno a las miradas de los
que posiblemente allí se encontraban.
Efectivamente con
cautela pude divisar lo que ocurría dentro de aquel coliseo sin ser visto; el
bullicio provocado por los ánimos y
hurras de algunos, y las pitas y el descontento de otros, extendían la
excitación y emoción de los concurrentes en aquel enorme estadio en el cual se
desarrollaba una competencia simple de magia, del cual el ganador y a veces el
único sobreviviente obtenía algún artículo u objeto para su desarrollo como
hechicero, brujo o mago, o para el fin que su propietario decidiese
convenientemente darle; por el aparente nivel de los conjuros, hechizos y
poderes usados, daban a conocer que el nivel de sus participantes variaba entre
el básico y el intermedio, aunque en la escala numérica se definiría entre 1 y
3, sin embargo en los niveles superiores se desconoce universalmente el máximo,
ya que de quienes se creían insuperables, alguien terminaba sobrepasándolos o
simplemente estos mismos aumentaban una escala más cada cierto tiempo, de aquí
el dicho de que los niveles y escalas evolutivas respecto a la magia son
infinitas.
Aquellos combates no
duraban más de un minuto y medio como máximo y en ciertos casos no pasaban de
unos cuantos segundos, mostrando la superioridad del ganador ante su
adversario. Los poderes usados variaban mucho, algunos conjuros o hechizos eran
pronunciados velozmente los cuales emitían ráfagas de poder con colores muy
brillantes, eran como rayos auténticos emergiendo de las manos, bocas y hasta
del plexo solar de los concursantes, otros optaban por encantar sus armas
(espadas o lanzas), pintándolas de una refulgente luz oscura, con la cual
diseccionaban a sus adversarios, o les separaban las partes de sus cuerpos, y
en el mejor de los casos eran decapitados de un solo tajo.
Muchos de los
participantes conservaban sus formas humanas, otros dominados por sus defectos,
mostraban aspectos grotescos de acuerdo al defecto masivo que poseían , formas horripilantes
y otros incluso sin forma aparente, las cuales variaban desde humanoides con
colas largas y cuerpos desnudos completamente rojos como sangre, con cuernos de
aproximadamente diez centímetros de longitud, este tipo de cuerpos representaba
muchas veces el vivo reflejo de la lujuria en esos seres; también la pereza y
gula en otros mostraba en sus portadores, masas sebosas y sudorosas donde a
duras penas se diferenciaba un rostro(si
es que dos líneas por ojos y una boca bastasen para definir rostro); se
distinguían también los sátiros, seres mitad cabra y mitad hombre, en lo cual
la ubicación de cada mitad variaba pues algunos mostraban la parte superior de
hombre y la inferior de cabra, otros a la inversa.
Al percatarme que de aquel estadio competitivo
no emanaba aquella energía negativa que venía
siguiendo desde lejos, decidí no distraerme más y proseguir en mi búsqueda. No
tardé mucho en sentir la cercanía del lugar que buscaba, puesto que la energía
tenebrosa se volvía cada instante más potente, pues comenzaba a ejercer su
influencia sobre mí, haciéndome perder altura a cada centímetro que me
acercaba, ya al encontrarme a pocos metros del suelo, una gran duna impedía ver
lo que a ella le continuaba, pero tras ella se distinguían emanaciones negras
de energía, las cuales en vez de irradiar aquella duna como lo haría el sol, la
oscurecían a ella y a la parte del cielo que estaba en su proximidad;
finalmente como atraído al suelo nuevamente por la gravedad comencé a caminar por aquella duna de la cual
su cima se encontraba relativamente cerca.
-
¿Qué es aquella energía aflictiva?- me
preguntaba - ¿¡Será que me estoy acercando a algún lugar lleno de demonios, o
peor aún, de magos negros!?-.
Efectivamente, pude
calmar mi incertidumbre, al encontrarme frente a un castillo tenebroso, uno de
los tantos existentes en el mundo, pero
que por primera vez presenciaba ante mis
ojos, y gracias a previas descripciones que había escuchando antes, concluía
con precisión frente a lo que me encontraba.
Un castillo tenebroso,
construido de piedra y metal parecido al acero, tenía sin exagerar entre 80 o
100 metros de altura, de la cual eran solamente sus murallas; dentro se
albergaban cuevas de las cuales extraían minerales y rocas las que servían para
aumentar las dimensiones del castillo mismo ¡y para qué fines sabe Dios! El
pórtico tan alto como las mismas murallas y lo suficientemente grueso como para
que ningún arma humana pueda atravesarle.
Analicé la situación, y
al percatarme de que ningún mago negro había salido a darme el encuentro,
deduje que este no se encontraba en su castillo; haciendo un rápido recuento de
lo que llevaba en ese momento , me aseguré de tener lo necesario para entrar al
castillo en caso de que las cosas se pongan un poco feas. Espada en el cinto de
un verde refulgente como el neón incandescente, collar de oro colgado en el
cuello para uso de energía extra, anillo en el dedo para prever ataques, y el
cuerpo rebosante de chackra. Como había pedido la capacidad de volar libremente
debido a la influencia que ejercían las fluctuaciones de negatividad sobre mi
cuerpo volviéndolo pesado, o mejor dicho otorgándole peso, no obstante, aun
podía saltar muy alto, así que aprovechando esta capacidad decidí escalar en
contados saltos el castillo hasta la cima de sus murallas.
Sigilosamente subido
sobre aquella gigantesca construcción, me movía a hurtadillas entre algunas
vigas de metal que conectaban los extremos del castillo, pues no había un techo
aparente, pero como repito si varias vigas de metal que interconectaban en
diferentes niveles las murallas del castillo.
Las entidades o seres
que lograba distinguir tenían mucha similitud a los antiguos orcos; seres de
tipo humanoide, de piel oscura, tosca e incluso babosa, de orejas alargadas,
narices curvas, filosas, y dientes puntiagudos, agrego también los caninos lo bastante largos como para
alcanzar la denominación de colmillos, pues sobresalían de sus labios; vestían
ropas sucias y gastadas, al parecer no conocían el concepto de limpieza ya que
sus aspectos físicos daban a entender que no habían tocado agua en ningún
instante. Las organizaciones poseen niveles o jerarquías, y los integrantes de la logia negra no eran la
excepción, puesto que en ese castillo se notaban claramente las posiciones de
aquellos seres, diferenciándose entre sus labores y algún objeto contundente,
los esclavos (si es que se les puede llamar así) se encargaban de extraer los
minerales de las excavaciones subterráneas y sacarlas a la superficie, tenían
una apariencia delgada, hasta un tanto huesuda y colgaban a la altura de sus tobillos, grilletes
incrustados en las mismas carnes de sus piernas, seguidos por casi un metro de
cadenas, las cuales arrastraban produciendo un sonido metálico al caminar; de
mayor rango estaban los capataces(los llamaré así), los cuales dirigían y
apuraban a los esclavos a cumplir sus labores; los guardias o soldados del
castillo, propiamente dichos pues rondaban haciendo guardia portando algunas
largas lanzas y otros espadas, listos para defender el lugar de cualquier
invasor.
Seguía caminando muy
sigiloso sobre aquellas vigas metálicas, con el propósito de averiguar todo
sobre aquel inmenso castillo, y el porqué de la ampliación, pero de pronto el
rechinar de la viga interrumpiría mi investigación al ponerse sobre mí los ojos
de todos aquellos seres con las más horribles miradas cargadas de ira; la
intuición me hizo girar y esquivar por pocos centímetros de mi pecho una lanza
dirigida hacia mí, con el claro objetivo de atravesarme, el rápido giro y el poco ancho de aquel metal
sobre el que me mantenía, provocó la pérdida de equilibrio y por consiguiente
la caída hasta aquel piso infestado de
criaturas horrendas.
Los guardias no se
hicieron de esperar, y corriendo y gritando hacia mí, enardecidos y armados,
aquellos seres estaban decididos a aniquilar al invasor. Desenfundé mi
brillante espada rápido y sereno para ponerme en posición defensiva y ofensiva
a la vez, pues era obvio que esas criaturas no darían tregua alguna,
preferirían morir en mis manos antes que la tortura que su amo podría hacerles
por haberse burlado de él dejando entrar al enemigo.
Repartía tajos , y me
cubría con mi arma, esquivaba ataques, comencé a luchar con uno, al instante ya
eran tres, luego cinco, tenía que ser muy veloz con la espada para con ella
bloquear los ataques y al instante herir a los oponentes, daba giros con el
cuerpo haciendo “bailar” mi espada, la cual cortaba a mis enemigos dejándolos
mortalmente heridos, mi intuición era la clave para seguir con vida, pues
esquivaba los ataques sin siquiera
pensar , lo cual era una ayuda sorprendente, pues algunas lanzas dirigidas
hacia mí se convertían en objetivo de mis propios adversarios al esquivarlas.
De repente me comencé a sentir rodeado, era muy bueno con la espada pero sabía que mientras más eran , más complicado y
difícil era pelear, y cada vez mi círculo de combate se comenzaba a reducir más
y más, sin pensarlo dos veces y ya a punto de ceder completamente mi espacio,
giré con mi espada en posición vertical muy rápidamente como un pequeño tornado
para bloquear los ataques que venían de todas direcciones, y en el mismo
instante salté lo más que pude hacia un lado a una altura de casi 15 metros, en
pleno salto puse mi espada en su funda muy velozmente, me llevé la mano izquierda
a la altura del plexo solar, mientras que la derecha la dirigí hacia aquel
tumulto formado por mis enemigos; con los dedos índice y anular hacia delante y
los otros recogidos, procedí a pronunciar el conjuro de Júpiter muy
rápidamente, al instante de los dedos con los que apuntaba explotó una columna
de fuego, tan potente y veloz que no dio oportunidad a estos de poder esquivar
el ataque, siendo incinerados y desintegrados en el acto. Luego volví a tocar
el suelo con una pirueta para reincorporarme nuevamente, pronto de todas las
secciones del castillo, comenzaron a salir muchos más soldados y guardas,
cientos de ellos, corriendo y
vociferando hacia mí, dispuestos a exterminarme; me preparé otra vez para la
pelea, sin esperar que me acorralen, use una vez más usé el conjuro de Júpiter,
con el cual pude acabar con muchos de ellos en una línea recta, aún así
parecían una plaga interminable pues emergían de todas las secciones y portales
del lugar; el conjuro de Júpiter no podía usarlo innecesariamente, ya que
consumía mucha de mi energía, así que dispuesto nuevamente a combatir con mi
espada, la desenvainé y me puse en posición de lucha.
De pronto se sintió un
leve movimiento en el suelo seguido de otro más, cuando todas las criaturas en
aquel salón del castillo se detuvieron intempestivamente y callaron de repente; el miedo era evidente en sus rostros, comenzando poco a poco a retroceder casi todos a la vez,
dándose media vuelta comenzaron a correr fuera de aquel salón dejándome
completamente solo. El movimiento en el suelo se volvía cada vez más fuerte y a
lo lejos el eco retumbaba por el golpeteo seguido por el movimiento en el
suelo, eran pisadas de algo probablemente enorme y pesado, lo cual se acercaba
más y más haciéndose perceptible cada movimiento en el suelo; apreté el mango
de mi espada un poco más de lo normal y me repetía la palabra “concéntrate”
para no dar cabida en mi mente al nerviosismo o al temor.
Giré hacia el lado de
donde provenía el sonido de las pisadas, a poco más de cien metros
aproximadamente estaba un compartimento sin luz alguna con su gigantesca puerta
de metal abierta , cuando de pronto comenzó a emerger de aquella oscura sección
dos puntos rojos brillantes en el aire que se movían dejando un haz de luz;
aquellos puntos rojos eran los ojos de la bestia que se acercaba a mi
lentamente, lo oscuro de aquella sección no permitía ver el resto del cuerpo ,
pero poco a poco este iba dibujándose y tomaba forma ante mi al acercarse un
poco cada vez más, hasta salir completamente hacia aquel salón donde me
encontraba; era la primera vez que veía tan grotesca y colosal criatura de pie
ante mí, con sus tal vez casi quince metros de altura, tenía la apariencia de
estar formado de partes de muchos animales, era grueso como los rinocerontes,
tenía las piernas y cola como las de un toro, el tórax y los brazos de un
gorila, la quijada de mula y el rostro y cuernos de un carnero, sus ojos eran
fuego, incluso por los costados de estos expulsaba humo. Me miró fijamente como
para intimidarme, su mirada era perturbadora, llena de cólera y melancolía: de
pronto rugió emitiendo un sonido grave, ensordecedor y tan gélido que pareció
haber salido de las cavernas más profundas y tétricas de la tierra.
Sin bajar mi defensa,
me dispuse analizar los movimientos de la bestia para de acuerdo a eso poder
atacarle, supuse que por su tamaño sería muy lenta.
La bestia se preparó
para atacar, poniéndose en posición de embestida, una pata un poco más atrás de
la otra, haciendo el ademán de quien quiere tomar impulso, no apartaba mis ojos
de la criatura, quien de pronto corrió hacia mí queriendo embestirme, pero a
una velocidad increíblemente rápida, tan rápida que aquellos cien metros que
nos separaban los cruzó en tan solo escasos tres segundos, pero pude esquivar
el ataque gracias a mis buenos reflejos, de haberme alcanzado probablemente
estuviera muy mal herido, en seguida apunte mis dedos hacia mi contrincante para lanzarle el
conjuro de Júpiter aprovechando que la bestia aún me daba la espalda, pronuncié
rápidamente las palabras e instantáneamente disparé una columna de
fuego directo hacia la bestia, quien con mucha facilidad esquivó mi ataque.
-
¡Imposible! – exclamé.
La bestia rugía una vez
más mostrando sus enormes afilados y desalineados colmillos, sin dar tregua se
abalanzo nuevamente a mí, esta vez logrando lanzarme muy lejos; rodé por el suelo, me reincorporé rápidamente y
desenfundando mi espada corrí directo a la criatura dispuesto a acabar con ella,
lancé un grito y salté hacia el enemigo con mi espada cogida con ambas manos
queriendo incrustársela; pero estando muy cerca de lograrlo de un manotazo me
lanzó muy alto y lejos por el aire, la bestia instantáneamente tomó impulso y
dio un enorme salto con la intención de cogerme mientras estaba en el aire. Sin
dudarlo en pleno vuelo y muy velozmente antes de que la bestia me alcanzara,
con mi cuerpo hice la postura del pentagrama o estrella de cinco puntas y
pronuncié – “Helion Melion Tetragrammaton”- dibujándose inmediatamente con luz
la estrella delante mío y un circulo a su alrededor, tomé mis espada suspendiéndola en el centro de la estrella, apunte una vez más con
los dedos y para pronunciar rápidamente:
-
“¡¡¡En nombre de Júpiter, padre de los
Dioses, yo, te conjuro, TE VIGOS COSILIM!!!”-
¡¡¡Btuuummm!!!, explotó
una gigantesca columna de fuego como en un cañón disparada de aquel círculo
formado, tan potente y veloz dirigida hacia la bestia, quien esta vez no tuvo
oportunidad de esquivar el ataque, siendo fulminada completamente.
Al tocar el piso,
decidí irme al instante pues mi energía estaba casi agotada, los daños de mi último
ataque habían dejado un voluminoso cráter en aquel salón, de seguro el mago
negro dueño de aquel recinto no se pondría muy contento, así que hice un chasquido
con los dedos, con lo que volví nuevamente a mi cuerpo, que se encontraba
recostado sobre la cama de mi habitación.
